Volviendo de EE.UU a Argentina

Post escrito en 2012 publicado en 2014

Por alguna razón, la cuál todavía no la tengo muy clara, dejar Seattle me llena de tristeza. Cuando estoy en esa ciudad siento que es ahí donde debería quedarme. Es levantarme todos los días y sentir esa felicidad PLENA porque es ahí donde me despierto y aunque por la ventana vea lluvia o el día totalmente nublado, es lo de menos. La lluvia es algo que en sí me solía molestar antes de vivir en esta hermosa ciudad, pero vieron cuando están tan enamorados de alguien que les da igual? que hasta lo peor de esa persona te gusta? bueno así, y yo creo que tengo una especie de enamoramiento (algún día será con alguien, pero por ahora es con una ciudad jaja). Esa ciudad me hace suspirar y no saber qué hacer con tanta felicidad, nunca les pasó de sentirse tan felices y no saber qué hacer? Para algunos todo esto que acabo de decir es una tontería, pero para alguien que le pasó o le pasa creo que me sabrá entender. Quien sabe… algún día vuelva para quedarme.

Mi vuelo de vuelta a Argentina salía a las 8am de Seattle. Una amiga de Colombia, quien fue la babysitter después que yo me fui (hace como 4 años atrás) me llevó hasta el aeropuerto. La noche anterior nos habíamos juntado con amigos y conocidos a festejar mi cumpleaños por 2da vez, a despedirnos y a celebrar “el día de San Valentín” que por suerte en Estados Unidos, ese día es un poco más amplio, no solamente para novios y novias… sino para amigos, hermanos, familiares, etc. y al fin yo pegaba en esos círculos! jaja.

El lugar que elegimos no estaba tan bueno como esperábamos y mejor para mi porque así fuimos a mi bar favorito de la ciudad que se llama Cha Cha Lounge. Desde un principio quería ir ahí pero la semana anterior había ido dos o tres veces y ya era demasiado fanática jaja, además era la mejor opción para el happy hour que no terminaba hasta las 8pm. El happy hour de este lugar es buenísimo, las mejores margaritas por 4usd, un bucket lleno de chips con salsa por 1usd, una jarra de cerveza (la más barata) 6 dólares y cada taco mexicano por 2,50 usd… todo una ganga jaja! El ambiente es bastante bohemio, bizarro o como le quieran llamar pero me encanta, se llena de gente y buenas vibras! 🙂

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Lo estaba pasando muy bien, con amigos desde hace muchos años y amigos nuevos que conocí en este viaje, pero a la vez no podía sentirme un poco triste por saber que volvía a casa para terminar con las valijas y en unas pocas horas iba a estar de regreso a Argentina. Una amiga de mi familia de Seattle y también amiga mia me fue a buscar al bar para llevarme a casa, en la despedida lloramos las dos (siempre lloramos cuando nos despedimos). Entre una cosa y otra me fui a dormir a las 3:30am y me levanté a las 5am, me sentía muy mal, y dije “nunca más voy a tomar y salir antes de volar 20horas” pero bueno también era una mezcla de estados emocionales jaja.

Finalmente estaba camino al aeropuerto, tenía 2 valijas y un tv para despachar más un bolso de mano. No aguantaba más me quería sentar y la mujer que me hacía el check in de las valijas me quería cobrar una de más, que llamaba a la aerolínea para corroborar información y bla bla. Parecía que nunca terminaba de desligarme de todo eso. Me encontraba en el momento de abordar el avión, fui la última en abordar porque el avión estaba lleno, y yo estaba como “pero voy a abordar no”? jaja dije:  “lo que me faltaba!!” (aunque si me quería quedar me venía de 10! jaja)

A todo esto yo no daba más del sueño, tenía resaca, tenía tristeza, tenía todo… no podía aguantarme las ganas de llorar y voy a admitir que me lloré todo el vuelo, especialmente en el de Los Angeles a  Santiago de Chile que al menos en ese podía usar anteojos de sol jaja. Me perdí los despegues de los vuelos, los aterrizajes, hasta las comidas gratis en algunos jaja! Apenas me sentaba ya estaba dormida. Y lo más chistoso de esas cosas es que cuando alguien me despierta no sé donde estoy, hablo en cualquier idioma y no entiendo qué pasa! jaja

El aeropuerto de Los Angeles es gigante, y creo que de todas las veces que volé en mi vida, este el primer aeropuerto que me pareció más complicado para encontrar lo que necesitaba. En cada escala que hacía me sacaba algo de ropa, primero la bufanda y las dos medias tipo calza que tenía abajo del jean (soy muy friolenta jaja) y cuando llego al aeropuerto de Santiago de Chile me tocaba deshacerme del saco.

Después de 11-12 horas de vuelo lo primero que hago es ir al baño en Santiago, fue el momento en el que dije “estoy en Sudamérica, sin dudas” (Y comentar esto me encanta porque después recibo un montón de mensajes diciendo cualquier cosa menos que soy linda 😉 )  Me di cuenta que me suele pasar cuando vuelvo de allá, me cuesta ver cosas acá y aceptarlas, y todo me cae mal. Es algo que sé que no debería hacer, pero no puedo evitar sentirme así y poder cambiar todo eso de un día a otro. A mi me encanta Argentina, y siempre digo que nadie tiene como nosotros los domingos familiares, el mate como excusa para juntarse con amigos, las comidas, los lugares, el vino, el momento de relax y disfrutamos más de esas cosas que cualquier otra persona de un país del primer mundo. Sé que suena contradictorio todo esto pero es exactamente como me siento ahora… me encuentro en una relación amor-odio entre el norte y el sur del continente y me la paso constantemente haciendo comparaciones para mantener mi estado emocional equilibrado jaja.

Volviendo al detalle de los vuelos. Me senté nuevamente en el avión, lista para de una vez por todas llegar a casa, por supuesto una vez más me perdí el despegue porque me dormí apenas deposité mi cuerpo en la butaca. Cuando más tarde abrí los ojos, la señora que estaba al lado mio me dijo “ay nena te perdiste toda la Cordillera de los Andes” la miré y le dije con respeto que no importaba, que ya las había visto antes y que estaba muy cansada (obvio que nunca agregué detalles como “tengo una resaca para 20 y estoy en depresión post viaje” jaj). Probablemente por mi cara (venía llorando desde que salí de mi casa en Seattle, más de 15 horas aprox.) se habrá dado cuenta.

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Finalmente aterrizamos en el aeropuerto de Córdoba, una de mis hermanas que se encontraba vacacionando en Carlos Paz me fue a buscar al aeropuerto y mi hermano, quien también estaba de vacaciones fue luego a buscarnos en auto. Todo encajó perfecto, volvimos a mi departamento dejamos las cosas y a las horas fuimos a unas cabañas bellísimas en Villa Carlos Paz. La verdad es que no podía quejarme, convengamos que sería muy malo de mi parte quejarme pero no podía dejar de sentirme mal por estar de vuelta, sentía que la mitad de mi había quedado en otro lugar.

Con el pasar de los días estaba en otro planeta, me había costado mucho salir de ese estado la primera vez que volví a mi país después de 1 año y varios meses. Tenía como una especie de “miedo” de volver a caer en la misma cosa y que me lleve tiempo “sentirme en casa” otra vez. La realidad es que sí me llevó unos meses pero creo que ya un poco más madura a cuando tenía 19 años, lo superé de otra forma. Con el tiempo seguí viajando, seguí despertándome en lugares distintos pero esa plenitud y felicidad al abrir los ojos y saber que estaba en donde todo mi cuerpo y alma quería estar, no la volví a sentir. Siempre digo que Seattle tiene algo de mi y que cada tanto debería visitarla para reencontrarme conmigo misma.

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