Pipa, la aldea secreta

Bueno, ya no tan secreta… con el pasar del tiempo lo que fue un paraíso escondido para los surfistas se fue colmando de turistas. Es que esta atmósfera de stress 0 y vida lenta hace que te quieras quedar ahí por siempre. Son esos lugares en los que cuando planeas un viaje pensás que vas a estar de paso, probablemente te hospedes ahí un par de días… pero así hayas visto casi todo, por algún motivo inexplicable sentís esas ganas de extender unos días más y si el tiempo todavía no te corre… por qué no quedarse?

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¡¡¡Camino a Pipa!!! 🙂

Nosotros partimos desde Natal hacia Pipa, habíamos perdido un bus por ende nos tocó esperar un poco más de una hora en la estación para el siguiente.
Llegamos en la tarde a Pipa y todavía recuerdo ver el color del agua por la ventanilla mientras pasábamos por un puesto de cocos. Nos dejaron en el colorido centro y sus calles adoquinadas. Era momento de buscar un lugar donde dormir, caminamos cuesta arriba con nuestras mochilas, hacía mucho calor pero no nos tomó mucho tiempo encontrar un hostel. Por 35 reales la noche en dorm separado de mujeres y hombres con baño en la habitación, desayuno incluido y además pileta. Pipa hostel de la cadena hostelling international fue uno de los mejores albergues que alguna vez haya ido, la atmósfera era excelente.

Como Germán y yo estábamos en habitaciones diferentes, él se hizo de amigos en su habitación que venían de Inglaterra y yo me hice amiga de otra chica que venía de allá también. Finalmente terminamos siendo un grupo gigante, sumado a eso gente de Suecia, un francés y una pareja brasileña.

Pipa

Buenas vibras en Pipa Hostel

Los días transcurrían de playa en playa. Parecían, al menos hasta ese momento, lugares vírgenes, llenos de paz absoluta y nada mas que el ruido de las olas golpeando la orilla. Nuestro primer día lo pasamos en Baia dos Golfinhos (Bahía de los Delfines) la cual es recomendable ir muy temprano en el día para salir del lugar temprano también debido a que, una vez que la marea sube no hay manera de salir de ahí a menos que te rescaten. Contaban que una vez tuvieron que rescatar turistas con un helicóptero, no sé si eso fue verdad o no jaja pero yo ya me imaginaba volando por los aires tendida de la soga de uno.

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Baia dos Golfinhos

Al día siguiente fuimos a Praia do Madeiro, estaba un poco mas alejada de la zona de hostels y la aldea en sí así que tuvimos que tomarnos un mini bus hasta donde estaba el puesto de coco que había visto al principio. Bajamos por unas escaleras de madera hasta la playa, se notaba a simple vista que era una de las mas concurridas ya que había puestos en los que podías alquilar reposeras, comprar comida y alquilar tablas, entre otras cosas.

Ese día podríamos decir que fue de relax total, nada de vida mochilera. Nos alquilamos dos reposeras y una sombrilla, compramos un buen sandwich con jugo de naranja natural y 0 “preocupación” por exponernos al sol. Cada tanto a lo lejos veíamos saltar delfines y nos quedamos en la playa hasta que el sol se fue por completo, compramos galletas de chocolate caseras y volvimos al hostel.

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Praia do Madeiro

En la noche compramos algo para comer entre todos y fuimos a bailar, el problema es que era entre semana y no se notaba que hubiera mucha vida nocturna. Entramos a un lugar a bailar forrò. A mi me agarró un viejito que me movió por toda la pista jajjaj pero pude aprender un poco al menos. Con Ger hasta el día de hoy intentamos hacer los pasos jajaaj.

En nuestro último día de playa, volvimos a caminar por Baia dos Golfinhos hasta llegar a Praia do Amor, esa vez no llevamos muchos reales con nosotros, nos sentamos a comer algo en un bar, teníamos 18 reales para ser exactos, así que calculamos todo todo para que nos alcance justo, yo me pedí un brochette de pollo, Ger un sandwich y nos tomamos un jugo de un solo gusto porque si era de dos ya se nos iba el presupuesto jaja. Como postre habíamos llevado unas galletitas dulces jaj.

Llegó la cuenta y todo nos salía casi 50 reales, no entendíamos nada… Tampoco era un ticket hecho por una registradora, era muy rústico hecho a mano y con letra ilegible, así que empezamos a ver. Había cosas que nos cobraban que no eran nuestras así que las corrigieron, después trajeron nuevamente el ticket y veíamos que nos cobraban las sillas!!! No sé ustedes pero yo nunca fui a un lugar a comer y que me cobren la silla, sí los cubiertos pero las sillas me pareció lo mas extraño. Le dijimos que sólo teníamos 18 rs y nada más, estuvimos un rato ahí hasta que era “o tómalo o déjalo” y finalmente nos fuimos del lugar. Muy linda muy linda la playa pero hay que prestar mucha atención en lo que te llega en el ticket, porque varias personas ya nos habían advertido de siempre chequear antes de pagar.

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Baia dos Golfinhos

Intentamos cruzar la playa pero fue muy difícil, era tarde y la marea ya azotaba con fuerza la orilla, tenía miedo de caer y golpear con las rocas pero ya tampoco podíamos volver atrás porque estábamos a mitad de cruce. Finalmente pudimos atravesar, llegamos al hostel y nos tiramos a la pileta. En todos esos días enseñamos lo que era el mate tereré a muchas personas, a varias les gustó y otros tenían como cosa de compartir la bombilla, ni hablar de quienes la sacan, la remueven, la vuelven a colocar jaja. Es muy interesante ver sus expresiones como de inseguridad al momento que agarran el mate, como que no saben que hacer con el y cuando lo están tomando parecen super concentrados!

Pegamos muy buena onda con los ingleses y con mi roomie así que quedamos con ella en encontrarnos en Olinda y Recife… y con la parte masculina nos íbamos a encontrar más adelante en Salvador, Bahía!!! Lo que nos esperaaabaa!!! 🙂 (Suena una batucada brasileiiiraa de fondo) jaja

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