bali indonesia

Volver a Bali

Volver a Bali: Por qué volver a un lugar cuando hay tantos más por descubrir? Qué tiene Bali de especial entre todos los países del Sudeste Asiático?

Apenas salí del avión y el aire me llevó a 2 años atrás. Cuando todavía me acuerdo que dejé Bali y dije: “Acá voy a volver, a Ubud, voy a rentar mi espacio de coworking, voy a hacer yoga y me voy a instalar al menos 2 meses”

A veces creo que no me tomo en serio cuando hago estos “planes” en voz alta. Es que no son planes en sí, son deseos y la realidad es que las cosas tarde o temprano pasan cuando te ves haciendo eso que proyectas. Te lo digo yo que acá estoy. 

No sabía muy bien que hacer al dejar Australia. Por primera vez no tenía plan de nada, o mejor dicho tenía muchas ideas pero es algo con lo que me cuesta lidiar, enfocarme solo en una porque todas suenan tentadoras. En un momento pensé en ir directo a Argentina y ya. Me estaba estresando esto de no saber qué hacer y creo que iba a tomar la salida mas fácil. La otra era que volver a casa por tanto tiempo me hacía mucho ruido y dije ya fue, “voy a tachar de la lista algo que siempre quise hacer”… Volver a Bali. 

Me compré un ticket de avión por alrededor de 200 dólares australianos. Lo único que sabía que iba a hacer en Indonesia era trabajar online y hacer yoga. El resto, nada. Horas antes de abordar el avión hice un booking en un homestay (son casas de familia que rentan habitaciones) en Ubud. 

Llegué a Ngurah Rai alrededor de las 10pm del lunes. En mi vuelo me senté justo al lado de un chico inglés que también venía a Ubud y le dije que si le parecía podíamos compartir los gastos del taxi. 

Pagamos 300.000rp entre los dos. (Equivalen a unos 30 dólares austrailanos). Al final el taxista balinés nos quiso cobrar mas porque eran dos paradas pero era literalmente dar la vuelta, no dimos el brazo a torcer y nos salimos con la nuestra. 

Después de que 1000 perros salgan a ladrarme, yo acarreando la mochila y no sabiendo bien donde quedaba mi hostal logré dar con una persona en ese oscuro barrio con luces tenues lleno de pasadisos y las ofrendas en las puertas de lo que había sido un día en Bali. 

canggu, bali

Finalmente pude bañarme, hablar con mamá en Argentina y acostarme a dormir. Mis últimos días en Sydney y mis últimas semanas en Australia habían revuelto todas mis emociones, esas que ni sabía que tenía. 

Había decidido tener una mañana sin apuros. De todas formas entre el jet lag y la costumbre me desperté a las 6am. Hice el intento de volverme a dormir, pero termine haciendo fiaca como por una hora. 

Me levanté a desayunar. Venía esperando esos crepes con miel desde hace tiempo! Es que el desayuno incluido en Bali normalmente suele incluir banana pancakes. Y bueno, viene incluido 😉 qué pena! Pancakes para arrancar el día! 😀 

Decidí tomar mi cámara y caminar un poco. En el Sudeste Asiático aprendes a dominar la paciencia. 5 minutos mínimo para pasar la calle, las motos, los autos, los taxis… todos en su propio ritmo. Ninguno te da el paso. No podes dormirte… tenés que estar atento a ese pequeño hueco para cruzar. 

Entre callecitas, subidas y bajadas llegué a The Yoga Barn. Nadie me había advertido de la energía de este lugar. Podía ser un espacio de yoga tan genial como ese? Era una jungla de bamboo, gente descalza y espacios verdes y frescos. Como un Oasis después de tanto ruido a motos. No me había percatado lo calma que estaba mi mente desde que viví en Broome, los ruidos ya habían dejado de formar parte de mi cerebro. Viví por meses con el ruido de los pájaros y el chasquido entre los arbustos pero las calmas noches eran lo más pacífico del mundo.

Recorrí un poco, saqué fotos. Me senté. Admiré ese lugar, tan bien planificado, de tanta cosa buena. Me sentía bien. 

Seguí caminando y finalmente me topé con Hubud. El bendito espacio de Coworking que tenía en mente desde la primera vez que pisé Bali. Subí y me descalcé en la entrada. Ya me gustaba lo que estaba viendo. Oficinas abiertas, iluminadas y frescas, todo hecho de bamboo, computadoras, gente joven, eventos que se venían. 

Tenía mi pase por un mes. No podía esperar a rodearme de todos estos nómadas digitales con locas ideas durante los próximos dos meses! Estaba en mi salsa y sólo me quedaba bailar 🙂

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