“Nos juntamos a ver el sunset?”. Es la pregunta del día todos los días desde que pisé Broome. Sí, es que mezclamos un poco nuestro español con el inglés. No es para hacernos ver. Llega un punto en el que ya no te das cuenta y específicamente la palabra “sunset” forma parte de tu vocabulario diario en este remoto lugar de Western Australia.

Cuando llegué desde Sydney pensé que no iba a sobrevivir a este calor, la humedad y saber que me iba a encontrar con cosas raras cada vez que caminaba. No es tampoco sorpresa que fueron pasando los días y este estilo de vida me atrapó. Sí, yoga por las mañanas, desayunos sin tanta prisa, ningún bus que esperar. Sólo mis tiempos con mi bicicleta.

Llegar de noche después del trabajo y ver el cielo estrellado, nada de edificios, ruidos que no sean los de los pájaros, el movimiento de los arbustos en los que ya sabes que probablemente sea algún canguro (o no).

Las juntadas en la playa, las beach parties donde el fogón es el punto de encuentro de gente desconocida. Quizás cada cual en su mundo pero qué lindo es saber que es un mix de nacionalidades que buscan eso, lo simple de la vida alrededor del fuego con los pies tocando la arena.

Y somos tan felices… o al menos hablo por mi y por la gente con la que me rodeo constantemente todos los días desde que llegué a este lugar de tierra colorada y playa de arena fina.

Mi mamá se ríe y le encanta saber cuando le cuento que vamos a bailar y usamos las bicicletas para llegar hasta ese bar, o ese “boliche”. Que estamos todos rondando los veintitantos, llegando a los 30 y aún parecemos chicos adolescentes sobre 2 ruedas y con canastos (ah sí porque tenés que tener canasto para cuando vas a hacer las compras hasta el “town”).

Los asados no tienen un día en la semana, no son todos los domingos. A veces no sabemos lo que es un fin de semana. Cuando trabajas en “hospitality” lo único que importa es qué día coincidís con tus amigos para hacer algo. Los fines de semana ya no importan, nos da igual a menos que el “rate” en el trabajo sea más. Bien, en ese caso preferimos trabajar de sol a sombra esos benditos sábados y domingos.

A veces siento que logramos crear esa vida en la que no sentimos que tenemos que tomarnos vacaciones. Si tenés un tiempito entre turno y turno del trabajo te cruzas a la playa, siempre alguien vas a encontrar… siempre. Y no te da miedo mandar un mensaje de texto en un grupo de 100 personas (donde quizás conoces a la mitad) para preguntar: “Hay alguien en la playa?”.

Cenar a las 10 de la noche ya es tarde. Con el tiempo te acostumbras a arrancar el día temprano, y qué bien que se siente! Ahora entiendo a mamá cuando cuestionaba el dormir todo el día. Qué desperdicio de energía.

Y los trabajos…sí, quizás no son los mejores del universo. Lo más interesante es que todos los que estamos llevando este estilo de vida somos profesionales en algo, todos. Pero no es menos y no nos sentimos menos por ser los baristas, por ser las mucamas, los mozos. Por ser los porteros del hotel.

Lo que todos tenemos en común es que queremos vivir una vida llena de historias y experiencias que van más allá de lo que hacemos, y donde eso que hacemos evidentemente no nos define. Buscamos reírnos a carcajadas por tonterías, valoramos el encuentro para ver como se pone el atardecer o como se levanta la luna y crea esa famosa escalera en el agua.

Encontramos un lugar donde no tenemos la negatividad de los diarios, y donde nos olvidamos por completo de la existencia de la televisión a menos que sea para ver los partidos del mundial. Donde ver ese océano turquesa y esa arena blanca nos llena el alma y las energías se nos disparan por todos los poros del cuerpo. Donde aprendimos por fin qué es lo que realmente importa.

Parece un mundo paralelo, una burbuja.. por momentos decía eso, que esto es una burbuja, que no es real. Pero lo es, existe y acá estamos. Sabemos que no es para siempre, y nos da un poco de nostalgia incluso antes de irnos. Porque un pedacito de nosotros se queda, y otra partecita la llevamos como esas mitades de cadenitas que nos regalábamos con nuestros amigos (o novios).

Sé que muchos nos vamos a encontrar tarde o temprano en otro lugar del mundo tomando unas “birras” viendo el atardecer en Vietnam, en Argentina o quien sabe donde, pero ahí, en ese mismo instante en el que se pone el sol vamos a hablar de todas esas veces que nos reuníamos en la playa de Cable Beach, en ese punto alejado del Oeste de Australia.