Llevaba mucho tiempo queriendo regresar a Estados Unidos, especialmente a Seattle que fue la ciudad donde viví durante un año cuando apenas terminé el colegio secundario. No sé si en mi blog anterior lo había mencionado, pero vivir esa experiencia definitivamente hizo un click en mi cabeza, en mi forma de ver las cosas, de apreciar otras y de vivir la vida al máximo. Para algunas personas esos viajes largos fuera de casa son lo peor que les puede pasar o pudo haber pasado, porque realmente extrañaron su lugar, pero aunque piensen que no fue el mejor momento de su vida, en el fondo o quizás sin darse cuenta lograron aprender un montón de cosas. Yo sí extrañé mucho mi casa, mi familia, mis amigos, mis perros, la comida y épocas especiales que uno no se da cuenta de lo importante que son hasta que no está en el preciso momento en que suceden, como ser navidad, año nuevo, cumpleaños, etc. Lloré también muchas veces, más que nada en esas fechas claves donde sabés que sólo faltas vos, pero todas esas lágrimas me hicieron más grande hoy.
OLYMPUS DIGITAL CAMERA
        Durante ese año en EE.UU hice viajes increíbles y mi primer viaje sola, yo mi alma y la ciudad… fue a Nueva York donde cumplí el sueño de mi vida desde que tenía 11 años: presenciar un torneo de Grand Slam de Tenis. Esa semana que pasé en NYC me hizo dar cuenta que podía viajar sola, arreglármelas bastante bien, y hasta a veces sirve mucho para conocerse a uno mismo en distintos ámbitos, aunque no voy a negar que una compañía siempre es buena, más en mi caso que me gusta compartir este tipo de experiencias y tener con quien reírme luego de aquellas cosas que nos sucedieron.
       A partir de ese momento comencé a planear mi viaje a Europa, el cual gran parte del tiempo fue un viaje solitario pero fui conociendo personas en el camino, otras que ya las conocía y las iba encontrando en los diferentes destinos. Después con eso vinieron algunos viajes dentro de Argentina, al año siguiente logré concretar un viaje con un gran amigo mío a Brasil por un mes entero, y créanme que fue GENIAL. Pero después de casi 4 años sentía que tenía que volver a pisar Seattle, después de todos esos viajes, siempre esa era la ciudad a la que más esperaba regresar. Y acá hoy me encuentro, en este hermoso lugar, donde cada “Seattleleite” (gente de Seattle) me pregunta “¿Qué me trae a la ciudad más lluviosa de Estados Unidos?” Probablemente la misma lluvia jaja, bueno no es mi clima favorito pero el mix cultural y la ciudad en si misma con sus paisajes, su historia, sus barrios en los cuales saltas de un fondo a otro porque ninguno es parecido y todos ellos influenciados por distintas corrientes y estilos, es lo que hace que Seattle sea mi ciudad preferida.
       La primera vez que intente regresar a Estados Unidos me negaron la visa, creo que las razones eran justas pero haber hecho el viaje hasta Buenos Aires para ir a la embajada, más lo que uno paga para hacer los trámites y después no obtenerla fue sin dudas una frustración. Al año siguiente también lo tenía en mente pero no quería pasar por lo mismo así que organizamos el viaje a Brasil y bueno finalmente en febrero de 2011 me dieron la visa por 10 años, el porqué de esa visa fue un supuesto viaje a Puerto Rico con mi mamá y mi hermana, el cual sí se hizo pero yo no fui. A partir de ahí dije: “esta es mi chance, a fin de año vuelvo a Seattle…” y no fue tan fácil porque hay que ahorrar y organizar, tener en cuenta que una visa no siempre te da la seguridad que te van a dejar entrar. Y yo lo intuía…
       Unos meses antes comencé a hacer una lista de todas las cosas que me parecían necesarias en caso de tener problemas al ingresar, libreta de estudiante, certificado de alumno regular, carta de invitación, dinero suficiente, ticket impreso de ida y vuelta, itinerario de viaje, etc.
       Mi vuelo salía desde el aeropuerto de Córdoba hacia Santiago de Chile, es un vuelo corto y si viajás de día y del lado de la ventanilla (mi asiento favorito en los vuelos) podes apreciar la Cordillera de los Andes y sacar algunas fotos. Después tenia un montón de horas en Chile hasta que saliera mi vuelo a Los Angeles donde estaba la gran incógnita… paso o no paso? jaja.
       Finalmente abordé el vuelo, fueron unas 13 horas aprox. muy tranquilas. Lo que más me gusta de esos vuelos largos (lo único) es que me pongo al día con las películas. Llegamos a Los Angeles y sin dudas te das cuenta que ya estás pisando suelo americano, por la clase de controles que tienen, policías con perros que huelen nuestros bolsos, etc. Yo tenia miedo que me huelan las hierbas que llevaba para los pies jajajaj.
       Mientras uno espera a que lo atiendan en migraciones, ve la cara de los oficiales y siempre piensa “uy ojalá que ese no me toque” A mi me estaba por tocar uno que tenía cara de buena onda, pero no… finalmente me llamó la mujer que no quería que me llame… (siempre me pasa lo mismo). Le entrego mis pasaportes, y lo primero que me pregunta ¿Cuánto tiempo te vas a quedar? yo le dije: “Dos meses” y cuando termino de decir la palabra “meses” pensé: “Estoy en problemas”. Me empezó a pedir el ticket de vuelta, me preguntó cuanto dinero traía, qué hacia en Argentina, en qué año de la universidad me encontraba, qué estudiaba, entre otras millones de preguntas me dice… ¿Por qué sacaste la visa en Febrero y viajas recién ahora (era diciembre)? Bueno… eso me llevo todo una explicación y como yo esperaba todas estas preguntas, no tuve que pensar mucho en la respuesta, pero sí ya me estaba poniendo nerviosa y sentía que las manos me temblaban. Finalmente se queda con mi pasaporte y me dice que espere que va a venir un oficial para llevarme a otro lado y me van a hacer unas preguntas más, (miedo).
       Me busca un oficial y también había una señora argentina que estaba en la cuerda floja pero me puse a hablar con ella y mi situación era peor jaja. Ella viajaba con pasaporte italiano y toda su familia que también venía en el viaje tenían visa americana, el problema estaba en que por más que tengas pasaporte italiano tenés que avisar que vas a venir a visitar Estados Unidos, y ella no lo hizo porque no sabía (y yo tampoco). Así que para aquellos que tienen pasaporte italiano y quieren venir a este país, tienen que avisar.
       Nos sentamos en la sala de espera, personas de Argentina, Perú, y lo que me llamó la atención fue que había muchos de Australia y la cara de nervios de todos nosotros ni que nos fuesen a decir que tenemos una enfermedad terminal y que vamos a morir en 5,4,3,2,1…boom. Veo mi pasaporte colgado esperando a ser revisado por un oficial nuevamente, a todo esto yo tenía que buscar mis valijas y todavía me quedaba otra conexión: Los Angeles-Seattle. Las valijas te las dejan en la puerta de la sala, viene otro oficial y te pregunta cómo es, el número y demás y ellos te las buscan.
       Después de esperar como casi 40 minutos, me atienden. La oficial me trataba bastante bien, al menos era simpática. Me hizo casi las mismas preguntas que me habían hecho apenas pasé por migraciones aunque con un poco más de detalles y fue ese el momento en el que saqué mi AS bajo la manga jaj y le dije: “Tengo una carta de invitación” (eso era lo que había llevado en el caso extremo de encontrarme en esa exacta situación) entonces sorprendida me dice: “Ah tenés una carta de invitación, a ver…” Y creo que ahí ya estaba un poco más tranquila, fui bastante firme con mis respuestas, cada vez que me preguntaba algo no me quedaba pensando, directamente se lo decía… pero es porque desde hace meses tenía esa idea de que era muy probable que eso me suceda al intentar ingresar a EE.UU. Después me revisa la cartera, yo que no quería mostrar la novela de Hittler que estoy leyendo jaja me pregunta qué era y le dije que había tomado una clase de historia y bla bla bla… le faltaba preguntarme el día exacto en que dije “mamá” por primera vez y ya estaba. También llamó a Michael, mi host para preguntarle si estaban esperando visitas, gracias a Dios que lo encontraron justo porque ellos estaban embarcando su vuelo hacia Florida.
        Después de haberme hecho esperar un rato más, finalmente escuché las nuevas palabras mágicas en mi diccionario: “Te vamos a dejar entrar” jajaj. Yo feliz de la vida por supuesto, aunque mi otro problema era que estaba a punto de perder mi vuelo a Seattle (el cual yo pensé que si lo perdía, ellos se harían cargo, pues NO muchachada… ellos no se hacen cargo, así que espero que a ninguno de ustedes les toque jeje). Llegué justo, pero el aeropuerto de LAX está a full todo el tiempo y las filas para pasar por los scanners son largas. Después de tanto, me encontraba en la puerta justo 10 minutos antes de embarcar hacia mi último destino… Seattle, Washington.