Vamos de paseo

Domingo en la mañana, estaban todos nuestros bolsitos listos para ir a pasar unos días a Coñaripe como a una hora y media de Temuco. En principio íbamos a ir en el auto de mi amiga Lili, pero como tuvo un pequeño accidente unos días antes cambiamos de móvil por uno un poco menos espacioso para las 5 personas que éramos jaja. Fui conociendo a sus amigas a medida que iban llegando, si hay algo en lo que no me falla mi intuición (al menos hasta ahora) es cuando conozco buena gente 🙂 además pegamos buena onda entre todas así que arrancamos muy bien.

Empezamos a poner las cosas en el baúl del auto, obviamente no entraba todo y todavía faltaba por ir a recoger a otra de las chicas. El viaje no fue tan largo porque como dije estábamos a solo una hora aproximadamente. No pude apreciar mucho el camino porque nos llovió en todo el trayecto por ende se me empañaban los vidrios constantemente.

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Primera parada: Pucón

Hicimos una parada para almorzar en Pucón, que el centro tiene un estilo a Bariloche tal vez. Almorzamos en Krater pub-restaurant, no me pareció muy barato y no aceptan tarjetas de crédito, pero la comida valía la pena. Yo comí un sandwich de pollo exquisito aunque extremadamente grande para lo que yo suelo comer. Algo que amo de su cultura gastronómica es que a todo le agregan palta!!! Se me hace agua la boca jaja. De todas formas creo que comen demasiado a comparación de los argentinos, no solemos tener tantas cosas en un desayuno, por lo general un café con leche, chocolatada y unas tostadas con algo encima y listo. Ellos en cambio suelen tener quesos, jamón o en su defecto fetas de pavo, se toman un café después un té y si todavía les cabe hasta van por un yogurt o algo de eso. Lo mismo después de las comidas. Yo que soy de comer poco, con todo eso me atraganto jaja.

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El problema del cambio de dinero y las soluciones al mejor estilo argento

En esa tarde que estuvimos en Pucón aproveché para comprar pesos chilenos con pesos argentinos, obviamente no me daban nada y de casa de cambio en casa de cambio finalmente dí con una que me daba una suma decente, sin embargo no quería dejar de ver la casa de cambio de al lado… no me tomó ni 5 minutos en averiguar cuánto dinero me daban ahí, que vuelvo a la anterior porque definitivamente me convenía, que la chica me dice que me daba mucho menos… y yo “pero acabo de venir hace 2 minutos y me daban X cantidad”… no dí el brazo a torcer y me terminaron dejando el cambio a lo acordado.


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Intenté guardarme el efectivo lo más que podía, pero cada tanto había lugares que no aceptaban tarjetas de crédito por lo que obviamente tenía que desembolsillarlos. Lo que hice muchas veces mientras estuve ahí fue pasar mi tarjeta en los supermercados o cuando íbamos a cenar y almorzar pagaba todo y mis amigas me devolvían en efectivo. (Esperaban a que diga que les pagaba todo? jajaja). Para quienes leen esto y son de otros países… bueno estas “maniobras” son las que hacemos los argentinos cuando tenemos que ir al exterior, y hasta se torna tan común hacerlas que nos sorprende cuando vamos a otros lugares y vemos que la gente es muy relajada en ese sentido. No tiene que pensar que no le van a dar dólares para irse de viaje, o que si le dan X cantidad no van a ser suficientes, y pensar en el dólar blue, dólar turista, dólar soja (?) y el dólar oficial más el 35%. Una anécdota colgada de otro viaje es cuando fuimos al super con mis amigos de Argentina en EE.UU y al momento de pagar buscaban la forma de facilitarle el cambio (la típica nuestra, “tenes los $0,50? así te doy los $10” No, el único lugar donde escasean monedas es acá en Argentina. Y si alguien conoce otro país donde hagan lo mismo me encantaría que me lo hagan saber jaja.

En fin, llega un punto en el que a mi ya no me molesta tanto hacer estas cosas, o uno lo incorpora de cierto modo que lo tomamos como algo que se tiene que hacer y quejarse al respecto no va a hacer que me lluevan más dólares jaja. Pff si fuese así en lugar de agua nos saldría dinero por la regadera del baño con tanta gente quejosa por el mundo.

Entre paisajes y buena compañía

En esos días que estuvimos nos hospedamos en una cabaña de una de las amigas de Lili, la zona tenía pequeños locales a lo largo de una calle ancha, lloviznaba finito la mayor parte del día y el frío era inevitable. Cuando llegamos a Coñaripe compramos los víveres básicos para tener que correr al minimercado lo menos posible.

La primer noche nos pasamos entre karaoke, tragos, charlas y despanzadas de risa. Por ser que llevábamos horas de conocernos me sentía una más del grupo y por supuesto que al final del viaje me traje nuevas amigas del otro lado de la cordillera 🙂

Al día siguiente tomamos el auto y mi cámara 😉 e hicimos un recorrido por la zona, me encantaba todo lo que veía. Desde cabañas ubicadas en grandes espacios verdes con sus chimeneas y sus animales hasta los puentecitos de madera que atravesábamos de tanto en tanto.

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Con nuestras narices coloradas por el frío, volvimos a la cabaña en busca de una de las chicas que se había quedado porque no se sentía bien… y seguimos viaje de regreso a Pucón. Estaba REPLETO de gente, los cafés estaban llenos y algunos hasta desabastecidos, nos sentamos en unos 2 lugares de los cuales nos tuvimos que levantar. Uno porque no tenía básicamente nada y otro porque no nos atendían nunca… yo por lo general suelo ser paciente con ese tipo de cosas pero la verdad es que hacía mucho frío y teníamos ganas de merendar algo grande! Después de todo decidimos comprar algunas cosas en el supermercado para hacer tacos y alguna de las chicas se terminaron tomando un café de dispenser en el kiosko de la esquina jajaja!

Regresamos a la cabaña a preparar la cena y a pasar otra noche entre karaoke y buena gente 😉