Mayo 2008, Seattle, Washington, Estados Unidos

Era viernes 6pm y Cata, mi amiga de Costa Rica entra a la cocina de mi casa. Ambas Au Pairs o como nos gustaba llamarnos, Au Poors. Éramos unas adolescentes entrando en la adultez cuidando niños en los Estados Unidos y ya ambas estábamos en la última etapa de nuestro año. Se nos ocurría cada idea, siempre algo nos pasaba, siempre. Las risas en esa etapa de mi vida parecían nunca acabar y algunas veces nos inundaba la tristeza, por estar lejos, por el trabajo, por las fechas especiales, o porque simplemente queríamos llorar, pero ahí nos teníamos unas a otras en nuestras propias locuras.

Nuestro gran problema a la hora de salir en Estados Unidos y siendo menores de 21 años era la restricción para entrar en los boliches y por supuesto tomar alcohol. Una vez hasta ni siquiera nos dejaron ingresar a un bowling a las 6 de la tarde, realmente ya no sabíamos qué inventar. A esa edad lo único que queríamos hacer era salir a divertirnos.

Se acercaba un día especial en mi calendario, esperaba visitas de mi Mamá junto con mi hermana y una amiga de mi familia. Todas llegaban desde Argentina el sábado a las 10am. Llevaba tiempo esperando el día en que recogería a mi mamá en el aeropuerto SEA-TAC. Siempre que iba a buscar o llevar a alguien y tomaba la salida que pasaba por debajo de la ruta I-5 decía lo mismo: “No veo la hora de ir a buscar a mi mamá al aeropuerto”.

Cata me estaba visitando en mi casa, ambas en la cocina planéabamos la salida de la noche, algo casual y normal… lo de siempre. Me dijo: “Dai, qué tal si vamos a Vancouver?”… Sí, Paréntesis, Vancouver… en Canadá. Recapitulemos, estábamos en Estados Unidos pero sólo íbamos a pasar la noche en Canadá y volveríamos en la mañana.

Le expresé a Cata mi preocupación porque al día siguiente tenía que estar acá y en horario pero me dijo que a las 3am saldríamos de vuelta en regreso a Seattle. Qué podría salir mal no?

Llamamos a Sonia, nuestra amiga mexicana que vivía en Mercer Island, una ciudad cercana a Seattle, para saber si se sumaba a la descabellada idea del viaje relámpago. Dijo que estábamos locas jajaj, y lo peor de todo ella tenía que estar de regreso a las 7am para trabajar! Pero se terminó sumando.

En qué vamos?

Llamé a una amiga de mi familia anfitriona con quien yo tenía mucha confianza para preguntar qué le parecía la idea de que les pida el auto para ir a Vancouver. Me dijo que ella iba a hablar con ellos, lo hizo pero finalmente no prosperó. Sonia no podía llevarse su carro y Cata, ella siempre tan decidida, finalmente ofreció el suyo.

La maratón

Desde Seattle a Vancouver, Canada hay alrededor de 3hs en auto. Teníamos que salir lo antes posible para llegar a un horario aceptable y poder disfrutar la fiesta con nuestros hermosos 19 años (En Canadá es legal esa edad para entrar a los boliches y tomar alcohol). Recogimos algunas cosas, ropa, maquillaje, zapatos. Hicimos unos sandwiches para comer en el camino y llevamos algo obviamente sin alcohol para tomar. Ibamos a pasar por migraciones por lo que teníamos que llevar nuestras identificaciones, pasaportes y licencias de conducir.

Fuimos hasta la casa de Cata en Kirkland para buscar sus cosas y luego pasamos por Sonia. Todavía recuerdo todo este trajín y no puedo creerlo jaja.

Bueno, ya estábamos. En el camino llamé a Lindsay, la amiga de mis host y luego a Amanda quien trabajaba conmigo cuidando a los chicos para avisarles que me estaba yendo a Vancouver y regresaría al día siguiente. Ambas se rieron y a la vez les pareció divertido, pero me recalcaron una y otra vez que apenas esté de regreso les escriba y las llame para avisarles porque estaban a la vez un poco preocupadas.

En el camino nos cambiamos dentro del auto, nos íbamos maquillando. Recuerdo que me puse un vestido rosa de 10 dólares y mi costoso maquillaje de Sephora. Tuvimos que bajar del auto para hacer migraciones. El oficial que me atendió dudó un poco ya que mi visa de Estados Unidos expiraba en 2 semanas, por lo que atinó a preguntarme si estaba al tanto de ello. Le expliqué que sólo pasaríamos la noche ahí y que luego regresaríamos. Era muy gracioso estar haciendo migraciones vestidas para ir al boliche jajaja.

Ohh finalmente! Ahí estábamos, eran pasadas las 10:30 de la noche y las calles del centro de Vancouver repletas de gente joven que no paraba de entrar y salir de un boliche a otro, los bares repletos y la música se sentía de punta a punta. Estábamos impacientes por salir del auto y saltar a la fiesta, al fin, al fin éramos legales!

Estacionamos el auto, y leo un cartel que decía que en ese horario no íbamos a poder estacionarlo, la idea era moverlo. Estábamos concentradas en lo que pasaba afuera y totalmente ansiosas por ir de fiesta, evidentemente.

Arrancamos por un boliche, luego fuimos a otro y a otro, pasamos a otro bar y terminamos en otro boliche hasta que se hicieron las 3am y a duras penas, con el dolor de una noche terminada decidimos salir para emprender la vuelta. Sonia entraba a trabajar en menos de 4horas y mi mamá se encontraba en viaje rumbo a Seattle. Pero nosotras estábamos en el país de al lado.

Ibamos caminando para buscar el auto y atino a mirar la calle para ir visualizándolo.

Yo: Chicas! No está el auto!

Mis amigas: Qué? Dai no asustes!

Yo: No está, chicas lo dejamos ahí y no lo veo. Me quiero morir.

Mis amigas: No, debe estar en la otra calle.

Yo: No, lo dejamos ahí, miren la otra calle es la última. No lo dejamos ahí.

Cata se cruza para hablar con los porteros del boliche de enfrente y le dijeron que hacía apenas unos minutos la grúa se había llevado el auto que estaba estacionado en ese lugar. Y recordé, tuve un flashback del momento en el que encima de todo les había leído que no podíamos estacionarlo donde lo dejamos. En qué momento ninguna de las 3 se dio cuenta que nos habíamos bajado del auto sin antes moverlo?! Era obvio que ni siquiera yo que había leído el cartel, lo hice a conciencia. Era tal el estado de excitación por salir de fiesta que ninguna de las 3 mortales atinó a darse cuenta que debíamos cambiarlo de calle.

No sabíamos qué hacer, por un lado estaba un poco más tranquila que se lo había llevado la grúa y no nos lo habían robado. Por otra parte estaba más que intranquila, no teníamos tanto dinero para sacar el auto, cada segundo que pasaba era crucial para llegar a horario y no sabíamos si lo íbamos a poder sacar en el momento o si teníamos que esperar a pasar el fin de semana. Yo pensaba en que no iba a poder ir a buscar a mi mamá al aeropuerto, no sabía si reír o llorar de toda la situación.

Unos chicos fuera del boliche, algunos un poco ebrios. Nos indicaron dónde quedaba la zona para ir a recoger el auto, finalmente 2 de ellos decidieron saltar en el taxi con nosotras. Llegamos al portón, para nuestra suerte había gente en la oficina e íbamos a poder sacar el auto en minutos, sólo nos cobraban 40 dólares canadienses o 40 cada una, en fin. Ufff 2 preocupaciones menos! Ya que 40 dólares no era la gran cosa cuando me esperaba tener que desembolsillar una buena cantidad de plata que no teníamos.

Por supuesto, algo de burocracia y tuvimos que esperar un rato hasta finalmente poder arrancar el motor e ir de regreso. Firmamos los papeles y ahí estábamos, arriba del honda con los motores encendidos, subimos todas inclusive los chicos que nos acompañaron y la nueva misión era buscar una gasolinera! Nuestro reloj, especialmente el de Sonia, hacía tic tac.. eran las 4am pasadas y teníamos menos de 3 horas para llegar a horario, sumado que debíamos pasar por migraciones y antes cargar gasolina.

Lo de la gasolina fue como la gota que rebalsó el vaso. Por la hora no encontrábamos gasolineras abiertas, no había ninguna a la que podíamos acceder por nuestra cuenta y con tarjeta, recorrimos una por una. Finalmente lo logramos.

Dejamos a los chicos y nos propusimos llegar lo antes posible a Seattle. Pasamos por migraciones, por suerte esta vez no debíamos bajar del auto. Moríamos del sueño, me ofrecí a manejar pero Cata prefería hacerlo. Finalmente, y era más que evidente que los motores funcionaron a toda máquina que llegamos a casa de Sonia a las 7:15am. Nada mal considerando todo lo que nos había pasado.

Por mi cuenta, llegando a mi casa envié un mensaje a Amanda y llamé a Lindsay para avisar que había llegado. Entro a mi casa con Cata y decido no tirarme a dormir en mi cama porque tenía miedo a dormirme. Bajé al living y me senté en un sillón… en una hora casi 2 tenía que estar camino al aeropuerto…

Cata fue a su casa, eran las 11am y me levanto desesperada, mi familia hacía ya una hora que había llegado al aeropuerto y yo estaba a 40 minutos de llegar. Llamé urgente a Nyvia, otra de mis amigas también Au Pair y ella se ofreció a manejar por mi porque estaba muy nerviosa por la hora, no haber llegado, etc. etc.

En todo el viaje no dejé de preocuparme porque ese día que tanto había esperado no era tan perfecto como lo pensé. Después del tráfico, en esa hermosa mañana en Seattle yo ya había recogido a mi gente en el aeropuerto. Mamá hasta el día de hoy me lo echa en cara jajaj pero bueno, nada que pueda hacer después de esa loca noche en Vancouver…