“Nunca vendiste, no?” Fueron las palabras del manager general de la empresa con quien estaba haciendo un role play (juego de roles). Nos reímos ambos, yo sabía que eso del role play iba a ser un desastre, mi respuesta fue: “no, le dije ayer que yo nunca vendí”.

Sí, ahí estaba yo, tirando toda mi sinceridad sobre la mesa y ustedes que van a pensar? Y listo, no tiene el trabajo. Yo también lo pensé. Salí de la oficina diciendo entre mi: “Bueno, hasta acá llegué”. No me sentía mal, sí un poco tonta quizás, seguramente hice el ridículo, pero bueno siempre hay cosas peores.

Atravesé Victoria Park, pensaba entre mí: “este parque es interminable, qué bueno que no lo tengo que caminar todos los días” (vieron la que intenta verle el lado positivo jajaj) Volví a mi otra oficina, en la cual estaba trabajando. Me pagaban muy bien, pero me aburría terriblemente y para eso no hay dinero que valga.

Después del almuerzo recibo un llamado, sí, era el manager general y me estaba ofreciendo el puesto de trabajo. Sus palabras fueron literlamente éstas: “Estoy entre 3 personas y vos sos una de ellas, de las 3 vos sos la que menos (o nada) de experiencia tiene, pero tu personalidad me gusta… te podemos entrenar para el puesto, voy a hacer una apuesta en vos”. La parte de “apuesta” sonaba como intimidante jaja. Me dio un tiempo para pensar en si aceptaba o no la propuesta y apenas decidía debía pasar por la empresa a firmar el contrato.

Lo pasé mal, donde ya estaba trabajando había entrado recomendada por una amiga y sus jefes quienes me entrevistaron antes de pasarle la data a su amigo personal, dueño de la empresa de telecomunicaciones. Sentía un poco de presión entre el “no quedar mal” y “hacer lo que quería hacer”. En la nueva empresa había muchos más empleados de mi edad, de distintas culturas, parecía divertida y además estaba en el rubro que me interesaba entrar, marketing digital. En esta empresa éramos sólo 4 contando al jefe, mi tarea era muy técnica en algo que me parecía hyper aburrido pero la verdad es que me trataban super bien y hasta me pagaban mejor que en este nuevo trabajo que pensaba en tomar. Eran varias cosas a tener en cuenta, pero la que más me hacía sentir mal era el tener que decirles que no iba a ir más a partir del próximo mes.

Finalmente tomé coraje, me sentí mal pero a la vez aliviada… me sentí en falta con mi amiga y sus jefes porque habían puesto todas las fichas en mi pero necesitaba hacerlo. Estaba cerca de entrar en el mundillo del marketing digital y mi oportunidad de finalmente arrancar con mi carrera…