Es curioso que nunca antes haya dedicado en mi blog un post exclusivo sobre Seattle. La gente que me conoce ya creo que no me soporta cuando hablo de este hermoso lugar.

¿Qué tiene esta ciudad de atrapante? Llueve el 90% del año, y si no llueve está nublado. En invierno a las 4pm ya es totalmente de noche. Con estos datos no suena como un lugar muy prometedor pero les aseguro que si caminan sus calles, ven su paisaje y hablan con su gente no se van a querer ir y van a entender de qué estoy hablando.

Cuando llegué en mayo de 2007 el verano estaba en puerta y veía el sol hasta casi las 10 de la noche. Si bien me tocaba trabajar, la cantidad de actividades que había para hacer a lo largo del todo el día eran interminables. Festivales por doquier, de lo que gustes. Los seattlelites aprovechan hasta el último rayo de sol del día y ni hablar de la temporada. En invierno cuando por casualidad se asoma un poco de luz a través de las nubes, ponen sus cuerpos al sol como si fuesen alguna especie de reptil jaja.

Créanme que nunca me di cuenta lo importante que es tener sol casi la totalidad del año. Acá mucha gente tiene casas en otros lugares del país, casas a las cuales se mudan la mitad del año para evitar el corto, frío y lluvioso invierno.

En fin, aún no respondí que tiene Seattle que hace que cada día que me despierte sienta esa felicidad plena. Probablemente no lo sé por completo, hay veces que uno sólo se siente bien en un lugar, pero esta ciudad tiene un combo de todo. Comenzando por sus singulares barrios donde cada uno tiene su historia, su comida típica, hasta sus festivales y vestimentas típicas. Desde Fremont hasta Little Italy pasas por una inmensidad de diversidad cultural, todos te ofrecen algo distinto y lo mejor de todo es que está en la misma ciudad.

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Foto tomada en Gasworks Park

Seattle es la ciudad de Starbucks, Microsoft y Amazon y de miles de empresas más que han sido fundadas y han crecido en el seno de este lugar increíble. El bagaje cultural que envuelve a quienes viven acá es realmente sorprendente. Es además la ciudad del grunge y donde Nirvana dio su salto a la fama de la mano de Kurt Cobain. Es también casa del exitoso Macklemore y Ryan Lewis. Y qué decir de Jimi Hendrix. Es una explosión de artistas y con los que nombré me quedo muy corta. El museo de música y ciencia ficción es un espacio donde uno se pierde entre las guitarras, grabaciones y toda la historia de quienes han hecho que Seattle tenga su lugar en el mundo.

Ir a una reunión social en esta ciudad es toda una experiencia. Siempre vas a conocer a alguien interesante: músicos, fundadores de su propia start up, los emprendedores y su espíritu creativo abundan por estas calles. Hay veces que no sabés exactamente quiénes son y estuviste hablando con ellos toda la noche, hasta se han juntado un par de veces entre grupos o han ido a las mismas fiestas que vos, no alardean sobre qué han hecho o qué están haciendo en su vida laboral, sólo lo hacen.

¿Qué decir de sus tremendos paisajes? Bajo la lluvia, el sol o la niebla Seattle es una de las ciudades más maravillosas que alguna vez haya visto. Tengo que admitir que una vez “la odié”… pero es ese odio porque sabes que te estás enamorando de algo y te rehusás que así sea, probablemente lo que quiera decir es que tuve un proceso de negación jaja. Creo que antes de dejar Argentina nunca barajé la posibilidad de querer quedarme más tiempo, no se me cruzó por la mente porque no pensé que eso pudiese ocurrir… sentirte en casa a miles y miles de kilómetros? en la otra punta del continente? No.

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Lake Washington

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Lake Union

Sin embargo, es así como me siento cada vez que estoy acá. Es así como me sentí durante el tiempo que viví en esta ciudad. Me pasaba de vacacionar en lugares increíbles con la familia que vivía; estaba en Hawaii, sí en Hawaii, uno de esos viajes que en mi vida pude haber imaginado y no obstante después de unos días en ese sitio tan paradisíaco sentía ganas de volver a mi “casa”, a Seattle. Al punto de estar de regreso, ir manejando por la I-5 observando downtown desde lejos, suspirar profundo y pensar: “al fin de vuelta”. Cuando te pasa eso, ya no importa el clima, si hace frío o calor… porque lo que sí importa es que estás en tu hogar y empezás a replantearte un poco esa idea de “casa”, ¿qué es realmente “casa”? ¿Está “bien” sentirme así en un lugar en el que no nací?. Tengo que admitir que por momentos llegué a pensar que era una “traición” a mi país, a mi historia y mis costumbres, más que nada al principio cuando no quería reconocer lo mucho que me estaba gustando vivir acá. Con el tiempo, las experiencias, las charlas con gente conocida y desconocida logré procesarlo de otra manera y aceptar todo esto sin dejar de ser quien soy.

Seattle fue la ciudad que me hizo crecer de golpe, y cada uno de sus rincones fueron testigos de eso. Cada persona con la que me topé en ese tiempo fue responsable de mi crecimiento personal (y físico también jajaj). Las anécdotas más lindas y los llantos más sentidos, quizás con esto puedo resumir porqué no puedo olvidar y dejar de sentir este lugar como mío, como propio. No viví ahí toda una vida, no hizo falta, Seattle va a ser siempre mi segundo hogar en el mundo.