Aparentemente los piojos norteamericanos son más bravos que los argentinos. En mi último viaje a Estados Unidos estuve de visitas por Seattle y me hospedé en la casa de la familia para la que trabajé como babysitter hace unos años.

Recuerdo que era un sábado en el que me despiertan para hacer una visita urgente al no sé… saca piojos (?) de la ciudad. Yo les expliqué entre dormida que no tenía bichito alguno en mi cabellera. En toda mi estadía no sentí que me picara la cabeza pero me dijeron que de todos modos tenía que ir con ellos a revisarme. Con el dolor y pachorra del mundo dejé mi preciada cama para vivir la experiencia americana de matar a esos inmundos piojos.

piojos

Realmente hasta ese momento nunca supe el proceso que utilizaban para combatirlos, a ver… en Argentina quién no fue al menos una vez al colegio con un olor a vinagre terrible que no te dejaba un amigo cerca? Sólo bastaba que digas “mamá me pica la cabeza” para que prácticamente te vacíe una botella encima y muchas veces era “por las dudas” jajj. Nunca me puse a pensar al respecto pero ingenuamente creí que era algo parecido para el resto de los mortales alrededor del mundo.

Fuimos a un lugar que era exclusivamente para eso, algo así como una “peluquería antipiojos” jaj. Cobraban entre 100 y 150 dólares por cabeza y supongo que eso sólo por revisar, no pagué nada porque la familia se hizo cargo de los gastos, ni me quiero imaginar mi cara si tenía que pagar 100 verdes para la nada misma, me quedaba en casa y me tiraba vinagre sola. Me humedecieron el pelo y revisaron parte por parte y no encontraron nada. Los chicos sí tenían, así que por mi parte me salvé de no tener que lidiar con esas cosas porque con todo ese escándalo no me iban a dejar en paz.

Una vez encontrados los enemigos, en este lugar le dieron a mi familia anfitriona unos paños húmedos para pasar por los respaldos del auto. Llegamos a la casa y tuvimos que sacar todos los cobertores de todas las camas, sábanas, ponerlas en bolsas de consorcio, juguetes como osos de peluches y demás, también adentro para llevar a la lavandería. Parecía una misión.

Integrantes de la familia y niñeras que no habían ido ese sábado tenían que ir en algún otro momento a revisarse. Había como una gran preocupación en el ambiente, al punto de que le pregunto a mi “mamá anfitriona” si eran piojos, jajaj me parecía tanto alboroto que hasta llegué a dudar si estábamos hablando de la misma cosa. Le expliqué cómo los combatimos en Argentina y llegó a decirme seriamente: “no, entonces lo que ustedes tienen no son piojos” jajajjj.

No sé, puede que nosotros no le damos la importancia suficiente o ellos realmente son exagerados…

Hay una película de Jennifer Aniston que cuando la veo me da risa porque en una parte pasan algo parecido. En inglés se llama “The Switch” y en español: “Un pequeño cambio” por si la quieren ver 😉

Después de todo me alegré de haberme levantado, porque de otro modo me hubiese perdido este ” piojoso episodio”. Al fin y al cabo la parte interesante de viajar es observar las similitudes y diferencias en los modos de hacer y vivir.