Hay ciertas cosas que nos marcan para siempre, algunas buenas y otras no tanto pero siempre vamos a sentir que hubo un antes y un después de eso. En mi caso, un viaje dio vuelta mi cabeza a 180°. Viajar o vivir un tiempo afuera de tu país es una experiencia mágica y el tiempo que pases afuera de casa no sólo te va a cambiar a vos sino también tu manera de pensar, percibir las cosas y la vida misma. Todo aquello que alguna vez pensaste, creíste y supiste adquiere una nueva dimensión. Salir de la burbuja de la cotidianidad en lo que hacemos, las personas con las cuales pasamos nuestro tiempo, nuestro trabajo, estudio o lo que sea es algo que tenemos que hacer al menos una vez en la vida (después si les pica el bicho viajero no me culpen jaja). Nunca es demasiado tarde para hacerlo, pero cuanto menos te tardes mejor porque a medida que vamos creciendo nuestras ideologías se hacen duras en nuestra cabeza al igual que nuestra percepción del mundo, nos cuesta aceptar un poco más cómo viven en otros lugares y las costumbres que tienen.

Yo me fui cuando apenas había cumplido los 18 años, me acuerdo ese día de mi cumpleaños dejé a mis amigos en casa y fui a llevar todos los papeles para arrancar el proceso, parece que no quería perder ni un minuto más jajaj. Hoy a mis 25 años puedo decir que esa edad no pudo haber sido tan oportuna y esto me recuerda a una de las 4 leyes de la India que dice “En cualquier momento que comience es el momento correcto”  Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es ahí cuando comenzará.

Nunca, así escriba un millón de post en mi blog voy a terminar de describir las cosas que aprendí y que sigo aprendiendo con cada viaje y con cada etapa (Esta del cuarto de vida es bastante especial, quienes tengan mi edad o la hayan tenido seguro me comprenden). Hay muchas situaciones o cosas que uno siempre las dio o las da por sentado, son momentos que forman parte del día a día que no nos damos cuenta lo especial que son. Hoy me acordé particularmente de dos, y ahora que lo pienso se me vienen a la mente varios.

La comunicación

Había pasado un mes o poco más de un mes en Seattle y si bien me estuve comunicando con mamá a través de skype algunas veces en la semana, mantenerla sentada en la computadora mucho tiempo era algo difícil de lograr. Sé lo mucho que le costaba en ese entonces manejar esas cosas, antes de irme de Argentina le dejé todo listo, accesos directos, explicación y demás para que solo tenga que prenderla y hablar conmigo. Una noche con mi amiga argentina fuimos en coche hasta un mini market a comprar tarjetas telefónicas para llamar a nuestras casas. Nos sentamos en el baúl del auto afuera del mini que ya estaba apagando sus luces y comenzamos a marcar a nuestras familias. Yo no sé si no me había percatado lo tarde que era en Argentina o realmente sentía que tenía que llamar, que mi mamá ya estaba durmiendo cuando me atendió. Me dijo “hola” y apenas respondí me largué a llorar como un bebé, (mi amiga también lloraba al teléfono así que creo que estábamos sensibles jaja) nunca me pasó algo tan raro porque la verdad es que no sabía que tenía tantas ganas de llorar, ni sabía por qué lloraba porque no me sentía triste ni estaba teniendo problemas, realmente no lo sé. El tema fue como hacerle entender a mamá que no me pasaba nada y sacarla de su estado de preocupación, sumándole que habrá sido casi madrugada en Argentina. Si bien tuve conversaciones con ella que no duraban más de 15 minutos en todo ese mes, creo que lloraba de felicidad de poder escucharla y tener una charla fluida, sentía que no hablaba con ella hace mucho tiempo, esa noche me pude poner al día y contarle muchas cosas hasta gastar mi crédito. Finalmente la dejé tranquila y yo me sentía aliviada. Después de esa conversación creo que nunca más hablamos por skype y la llamaba todas las semanas por teléfono. El diálogo y la comunicación en sí con las personas que más queremos es algo que con todo esta proliferación de redes en internet ya muchos dejamos de prestarle atención y hasta se pierde el verdadero punto de estar en contacto con alguien. Escuchar la voz de tu mamá o papá es una de las cosas más lindas del mundo y ojalá todos podamos apreciar eso.

Las fechas importantes

Otra historia fue en navidad y año nuevo. La primera vez que no las pasaba en mi casa rodeada de mi gente y mis costumbres. Particularmente en navidad extrañé muchas cosas, desde mi papá con el que siempre discutíamos antes de salir ya sea porque llegábamos tarde o porque nunca encuentra la camisa que el quiere, hasta el ruido de los fuegos artificiales, la mesa grande, el clima caluroso y ni hablar la salida con amigos después de cenar con la familia. El 25 estuve prácticamente sola después del mediodía, y como siempre lo había visto en las películas en el día de navidad vi caer la nieve y vi cómo las calles se tornaban de blanco. Fue muy especial, extrañé mucho pero también me gustaba estar ahí.

A lo que voy con todo esto es que lo trivial o lo aburrido deja de serlo cuando estás fuera de casa. Y esto me recuerda a otra frase que leí en un artículo del diario una vez y se me quedó grabada… “[…]que no puede haber perspectiva sin distancia. Andate y volvé, y andate”. Muchas cosas uno recién las entiende o las aprende cuando vuelve a su casa, te das cuenta que extrañas un poquito de allá y acá, y además qué es lo que extrañas. Ojalá todos viajemos mucho más, gastemos el dinero de nuestro trabajo en hacer viajes, largos o cortos, es la mejor inversión que podemos hacer en nuestras vidas y siempre es bueno para liberar la mente. Yo por ejemplo cuando no puedo viajar, escribo… Bien o mal pero lo hago porque lo necesito y porque a veces hasta siento que vuelvo a viajar.

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